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Vieša·23 nariai

Laura Esta Sola High Quality


Envidió a Héctor y su capacidad de simplemente disfrutar. Disfrutar como Laura susurrándole palabras en el oído a Carolina mientras la cargaba con dulzura. La pequeña bebé dormía profundamente. Laura alzó la mirada al oírlo entrar al cuarto. Ojos con tal ternura que prometían un estado interior en el que poco más existía. Ese había sido uno de los pocos momentos de paz en meses.




Laura Esta Sola



El odio no era solo hacia sí misma, también estaba dirigido hacia él. Dio un par de pasos hacia atrás hasta encontrar el borde de la mesa sobre la que se apoyó. Con la mirada primero fija en ella y después en el suelo sin luz frente a sus pies buscó que decir. Entonces se reincorporó y salió del salón rumbo a la habitación. Lo que quería decir era mejor no hacerlo.


La cama, destendida y a oscuras se presentaba como inadecuada para acomodar el estado despierto y con enfado reprimido en el que ahora se encontraba. Mejor ir a la cocina y prepararse un café. El pasillo estaba vacío. Laura seguía en el salón que continuaba oscuro. Oiría el ruido en la cocina y sabría que estaba ahí, pensó, sin tener claro que expectativas tenía de ello. Tras encender la luz sacó la leche de la nevera y llenó parcialmente la taza que metió después en el microondas. Con la mano izquierda alcanzó el botón de encendido de la máquina de Nespresso e introdujo la cápsula. Unos segundos después comenzó el ruido de molienda. Raro, pensó, que hiciera ese ruido cuando el café ya estaba molido. La máquina había sido el primer enser doméstico que habían comprado antes de comenzar a vivir juntos. Entonces eran felices. Discutían, pero eso era lo que las parejas hacían: discutir. En una manera un tanto retorcida podía decir que, en ocasión, ansiaba las discusiones por sus secuelas: la reconciliación y el redescubrimiento de la intimidad que revelaba lo mucho que estaban hechos el uno para el otro. Esperanzas perdidas que se volvían a recuperar con mayor fuerza.


Se sintió repentinamente cansado, cansado de que todo se convirtiera en discusión. Podía hacer el esfuerzo en responderle. Qué esperaba que hiciera? Los dos habían decidido que fuera ella la que tomara la baja del trabajo en vez de dividirla. No le interesaba oír la respuesta. No le interesaba porque solo alargaría la discusión y porque con toda seguridad acabaría asignándole la culpa.


Este tema me lleva a la consideración siguiente; ya que podemos decir que el lenguaje es un rasgo compartido por todos los hombres y mujeres, podríamos asumir que, de esta forma, todos participamos de una especie de comunidad del lenguaje.


El autor italiano Mario Perniola reflexiona sobre esto mismo, orientándose sobre todo hacia la comunicación y su vínculo con los mass media. Esta meditación estaría enfrentada a la idea de una comunicación filosófica, que sería la creación de un espacio para el pensar, que además requiere de tiempo para que acontezca.


Según Barthes, estos dos límites y el compromiso que ponen en escena son necesarios para que exista un texto. Y yo añadiría un tercer límite imprescindible y es que el texto además tiene que invitarte a otros textos. Debe establecer vínculos y referencias como si de un tejido universal se tratase, que se sucede a lo largo de los tiempos, y que se va ordenado y descifrando a través de éstos. Algo así como un dialogo entre escritores. La lectura de un texto sería de este modo la reactivación de las condiciones y las posibilidades de dicho texto. Hay que dejar que el texto diga, que el texto hable, que el texto comunique.


Y también sería la de un servidor. Cuidemos mucho las palabras, prestemos atención a la escritura, seamos generosos y tolerantes con el lenguaje en sus diferentes manifestaciones, conversemos los unos con los otros, y así, casi sin darnos cuenta, nos estaremos cuidando a nosotros mismos y a los demás.


"Mi niño", al regresar a casa, ya no es el mismo. Lleva a cuestas experiencias admirables para quienes solo salen de su tierra mediante las historias que este les cuenta. "O cuando te volviste a ver con tus amigos y supiste que habías conocido el mundo como ninguno de ellos." (p. 141). Ambos jóvenes viven la migración en diferente escala y con diferentes afectaciones. El segundo regresa a casa y su breve experiencia en la ciudad funciona como delantera entre sus amigos. El otro, el protagonista, se construye nuevamente a sí mismo, se interna en las profundidades de la fría capital y su tierra queda en el pasado.


Guillo fue uno antes de salir de Colombia, otro viviendo en el extranjero y seguramente será otro más a su regreso a Bogotá. Ya las viejas heridas han perdido importancia frente a la situación que ahora se presenta. Caminar otra vez esos espacios que no sabía que conocía tan bien y que estaban tan gravados en su memoria, lo dejan perplejo. Estas particularidades en su ánimo, con respecto al lugar y al tiempo, se hacen vívidas gracias a la atmósfera descrita:


-Cómo se llama este lugar? -Dusseldorf. Motel Düsseldorf. -Tu ya lo conocías? -Mucho antes de casarme. En esa época era un edificio viejo y agradable. Lo tumbaron para construir estas cabañas con sauna y garaje. -Te trae recuerdos... -Recuerdos muy antiguos. De amor y de dolor, como todo lo que ocurre en los moteles. (p. 78). 041b061a72


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